Sofía llevaba tres semanas notando que el profesor de Teoría del Discurso marcaba sus trabajos prácticos con más detalle del que ponía en los de nadie más.

§ 01El margen de la página

Tenía veintiséis años y una maestría en curso en la UNC que le consumía las noches y parte del sueño. Andrés tenía treinta y cuatro, daba clase los martes y los jueves, y escribía comentarios al margen de los textos de Sofía con una letra pequeña y precisa que ella releía más veces de las necesarias.

La línea era clara y Sofía la conocía bien: mientras fuera su docente en el posgrado, cualquier cosa que sintiera quedaba archivada. No por moralismo sino por lógica. Ella misma se lo había dicho una noche de octubre, mirando el techo de su habitación en Nueva Córdoba.

En diciembre terminó el cuatrimestre. Andrés no sería su profesor el siguiente año; ella cambiaría de seminario. Fue él quien lo mencionó, en el pasillo de la facultad, casi de costado, como si la información fuera administrativa. Sofía entendió que no era solo administrativa.

Hay esperas que no son resignación sino la forma más honesta de desear algo.

§ 02El primer café sin jerarquía

Se encontraron un martes de enero en un café de Güemes, con el verano cordobés aplastando todo y los ventiladores del local moviendo el aire sin convicción. Andrés llegó cinco minutos tarde y pidió disculpas. Sofía notó que era la primera vez que le veía la incomodidad.

Hablaron de literatura, porque era lo único que tenían en común y a la vez lo más personal que cada uno poseía. Él le preguntó qué estaba leyendo por placer, no para el seminario. Ella le dijo. Él dijo que eso lo sorprendía. Ella le preguntó por qué. Él tardó en responder, y eso también fue una forma de respuesta.

Antes de salir del café, Andrés fue directo: le dijo que le gustaría volver a encontrarse, pero que quería que ella supiera que no había ninguna expectativa de su parte, que si Sofía prefería que ese café fuera solo un café, él lo entendía perfectamente. Sofía pensó que esa frase era la más honesta que le habían dicho en mucho tiempo.

§ 03Lo que ocurre después de las teorías

El segundo encuentro fue en su departamento de él, en el cuarto piso de un edificio sobre Vélez Sársfield. Sofía llegó sabiendo lo que quería y diciéndoselo a sí misma con la misma claridad con que había aprendido a leer un texto académico: sin ambigüedades, sin metáforas que eludieran el argumento central.

Fuera del aula, Andrés tenía dudas. Eso lo hizo más real que cualquier clase.

Lo que encontró fue un hombre que conocía mucho sobre ciertos textos y bastante poco sobre cómo estar quieto sin leer. Esa torpeza, esa humanidad sin pedagogía, fue lo que Sofía no esperaba y lo que más le gustó. Los márgenes anotados de sus trabajos prácticos habían sido una cosa. Esto era completamente otra.